miércoles, 5 de junio de 2013

Un mes sin Javier



Ya no me queda ni siquiera ese hilo de contacto que era ir a la clínica y simplemente ubicarse en la sala de espera para recibir algún informe y oír que estaba estable, o sea que había pasado un día más. Era un grupo reducido de amigos que hacía esta vigilia continua. Quizás no tan reducido, pero comparado a los que seguían con ansiedad la evolución de su estado de salud éramos efectivamente apenas un pequeño grupo.

 El 4 de mayo había sin embargo muchos más de los que solían visitarlo cualquier tarde. Ya sabíamos que había empeorado y los que estaban ahí estaban al tanto de que esta vez podía ser la última. Pensé que Javier nunca hubiera querido irse de esta manera, como arrebatado a su familia, sus amigos y su pueblo. Pero la vida sigue rutas extrañas y alguien que había dedicado su existencia a los demás se iba de pronto, casi sin aviso, en una agonía intensa de tres meses en los que se le pudo ver muy poco por los riesgos a los que estaba expuesto.

Sé que hasta el último momento estuvo ajustando encargos políticos sobre los temas que lo obsesionaban. Una de las últimas veces en que conversamos me dijo: háblame de política, con esa voz fuerte e impositiva con la que jugaba a ser el jefe. Y yo, claro, hablé de la revocatoria, de Humala y de lo que estaba ocurriendo en esos días. Un mes después ya tenía la voz débil y yo el oído disminuido por efecto de las quimioterapias, así que nos entendimos más por los ojos.

Esa imagen quedará para mí porque pude percibir la intensidad de su impotencia. Él sabía que debía estar en otra parte, peleando, marchando, denunciando, pero estaba en una cama hospitalaria en medio de tubos y enfermeras. Ahora está en el corazón de muchas personas. En homenaje a Javier, transcribo un poema de mi hija Gabriela, escrito el 4 de mayo del 2013.        

No sé si fueron los hombres nuevos que la historia les pedía ser.
No importa si fracasaron, si lo consiguieron.
Sólo sé que la trascendencia de una gran pasión es el triunfo.
A veces la lucha fue más importante para ellos
que cualquier … otra cosa, incluso que nosotros.

Tuvimos envidia de la lucha, del mundo que querían cambiar.
Hasta que el mundo nos cambió a nosotros.
Aún hoy, con nuestra capacidad de amar al otro cada vez más atrofiada
Aún, en los momentos de más confusión,
siempre volvemos a ese germen de amor y de cambio.

A esas palabras con las que nos acunaron.
(y a esta canción)

A esta herencia que nos sacude las entrañas y nos subleva ante las injusticias.
Por Javier, por esos hombres barbudos que nos enseñaron a pelear por lo que creemos.
Tu padre, el mío, nuestros hombres amados. 
04.06.13
www.rwiener.blogspot.com

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