viernes, 25 de enero de 2013

La juventud no es una época de la vida.


Es un estado de la mente.
Es una demostración de la voluntad.
Una cualidad de la imaginación, el vigor de las emociones,
el predominio del valor sobre la timidez;
el deseo de aventuras,
en contraste con el deseo de comodidad.

Nadie es viejo por solo haber vivido un cierto numero de años.
Se envejece solamente cuando se abandonan los ideales.
Los años arrugan la piel;
renunciar a los ideales encoge el alma.

La inquietud, la duda, la falta de confianza, el temor y el desespero...
son los factores que al cabo de largos años hacen inclinar la cabeza
y encaminar el espíritu hacia el ocaso.

Que se tengan 70 o 16 años, hay siempre en todo corazón humano,
el amor a lo maravilloso, la dulce admiración por las estrellas
y por todo lo que irradie luz, sean acciones o pensamientos,
el intrépido desafío de los acontecimientos,
el inagotable e infantil apetito del
¿Qué viene después?

Uno es tan joven como su confianza,
tan viejo como su temor;
tan joven como su esperanza,
tan viejo como su desesperación.

Mientras que tu corazón recibe mensajes de belleza,
de alegría, de intrepidez, de magnificencia y de poder,
de la tierra, de los hombres, y del infinito,
eres joven.

Cuando todos los resortes se han aflojado
y todos los rincones del corazón están cubiertos
por la nieve del pesimismo y el hielo del cinismo,
entonces, y solo entonces,
habrás llegado realmente a viejo,
y, llegado este momento,
que Dios tenga misericordia de tu alma.

El autor: 96 años.

Texto que el General Mac Arthur tiene grabado
en una placa de su despacho, entre los retratos de Washington y Lincoln.

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